Jordi Puig (Barcelona, 1955): Un Viaje Artístico de la Abstracción Materica a la Geometría Cubista
Subastas de arte online Pintura abstracta cubismoJordi Puig (Barcelona, 1955) es un artista que encarna la rica tradición pictórica catalana, llevando consigo el legado de una familia con profundas raíces en el arte: su abuelo, Luis Puig Barella, fue pintor neocentista, y su tío, Agust Puig, fue un destacado pintor informalista y miembro del influyente Grup Dau al Set.
Esta herencia familiar se manifiesta en la notable versatilidad de Jordi Puig, quien a lo largo de su carrera ha explorado con maestría lenguajes pictóricos radicalmente diferentes. Un análisis de tres de sus obras —Long Island (2013), Camino Real (2013) y Composición con cara (2017)— nos permite apreciar la amplitud de su visión artística.
I. El Impulso Materico y Expresivo (2013)
Las obras datadas en 2013, "Long Island" y "Camino Real", son claros ejemplos de la pintura informalista y abstracta de Jordi Puig, conectando directamente con la tradición matérica catalana. En ellas, el artista prioriza la textura, la gestualidad y la fuerza emocional sobre la representación figurativa.
"Long Island" (2013)
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Técnica: Acrílico sobre lienzo de algodón (81 x 100 cm).
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Análisis: Esta obra es una explosión de dramatismo. Utilizando una paleta reducida (negro, blanco y azul glacial), Puig crea una forma orgánica, casi un ser mitológico o una poderosa ola, que irrumpe desde el fondo oscuro. La pincelada es rápida y cargada, generando una textura áspera que dota a la composición de una intensa energía y un movimiento dinámico. El contraste extremo entre el negro sólido y el blanco y azul claro le confiere una presencia rotunda y expresiva.
"Camino Real" (2013)
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Técnica: Acrílico sobre lienzo (81 x 65 cm).
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Análisis: Aquí, la abstracción se vuelve más terrestre y orgánica. El fondo ocre brillante y cálido se ve interrumpido por formas negras angulares y una estructura central que recuerda a raíces, ramas entrelazadas o formaciones geológicas. El uso de resinas o pastas crea un efecto vidrioso y translúcido sobre estas formas centrales, haciéndolas parecer petrificadas o cristalizadas. La pequeña inclusión de un rectángulo rojo intenso añade un punto de tensión visual y de contraste frío/cálido que vitaliza la composición.
II. La Metamorfosis Geométrica (2017)
Cuatro años después de estas exploraciones matéricas, Jordi Puig realiza un giro estilístico completo, demostrando su capacidad para dominar la estructura y el color en un registro totalmente diferente.
"Composición con cara" (2017)
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Técnica: Acrílico sobre lienzo (81 x 65 cm).
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Análisis: La obra de 2017 marca una transición hacia un cubismo analítico y sintético con un toque personal. El artista descompone figuras (posiblemente personajes con sombreros o máscaras, de ahí el título) en una intrincada red de formas geométricas —triángulos, rectángulos, trapecios— que se interconectan como un puzle. La línea negra es ahora la protagonista, definiendo y separando los bloques de color vibrante (amarillos, rojos, azules, naranjas, verdes). A diferencia de la aspereza de 2013, aquí la superficie es plana y el impacto es puramente visual, basado en la armonía y el contraste cromático sobre un fondo amarillo limón. Los goteos de pintura verticales a los lados sugieren un elemento de vitalidad o de descomposición, añadiendo una sutil capa de expresividad a la rigidez geométrica.
Conclusión
El conjunto de estas tres obras revela que Jordi Puig no es un artista encasillado en un único estilo. Su trayectoria es un diálogo constante entre la libertad gestual del informalismo —con su énfasis en la materia y la expresión pura— y la disciplina formal de la geometría, donde la composición y el color estructurado construyen una nueva realidad figurativa. Esta dualidad estilística no solo es un testimonio de su destreza técnica, sino también de su continuo deseo de explorar las infinitas posibilidades del lenguaje pictórico.











Fantástico artículo sobre la obra de Jordi Puig, es un gran artista.