Antoni Tàpies: la materia del espíritu

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En Subasta Real contamos con una cuidada selección de obras gráficas de Antoni Tàpies que ilustran con fidelidad la evolución de su lenguaje matérico y simbólico. Cada pieza es, a su manera, un testimonio de la búsqueda incesante del artista por articular la dimensión espiritual y poética a través de procedimientos técnicos tradicionales (litografía, aguafuerte, carborundum) combinados con el gesto informalista que le caracterizó. A continuación, se detalla cada obra, relacionando sus características formales con el momento estilístico de Tàpies y sus aportaciones al arte contemporáneo:

Antoni Tàpies. "Huella Barrada". Litografía sobre papel Archés. Firmada a lápiz por el artista y numerada 39/75

En “Huella Barrada” observamos uno de los gestos más característicos de Tàpies: el tachado o barrado que atraviesa la superficie pictórica como signo de negación y afirmación simultáneas. Este recurso surge en sus trabajos de los años sesenta, cuando el artista explora la escritura gestual y la cruz como medio para evocar cuestionamientos metafísicos. El trazo grueso, gestual, recuerda la simplicidad ruda de la caligrafía oriental, pero cargada de una energía expresionista europea. La zona cercada, densa y oscura, contrasta con el fondo relativamente neutro, potenciando la presencia del signo como “huella” del artista. Este gesto funciona a la vez como afirmación ética: se trata de una negación intencionada que, paradójicamente, subraya la materialidad del trazo y la memoria del gesto humano. La elección del papel Archés —apreciado por su textura suave y su respuesta óptima a la tinta— refuerza la lectura matérico-sensorial de la pieza, donde lo táctil se convierte en parte fundamental de la experiencia visual.

 

En esta litografía, Tàpies retoma las pesquisas del informalismo (art brut, tachismo) y fusiona la tradición grabadora con su propia poética de la mancha y el signo. A finales de los años sesenta y principios de los setenta, el artista ya había consagrado su fascinación por lo ritual y lo cotidiano, introduciendo objetos encontrados y residuos en sus cuadros (como tierra, polvo de mármol o telas gastadas). Aunque aquí no vemos collage, la “huella barrada” funciona como huella de lo corporal, evoca cicatrices, grafitis y marcas ancestrales.

 

“Huella Barrada” es una pieza representativa de la faceta más abstracta de Tàpies, ideal para el coleccionista interesado en la fase madura de su obra gráfica, donde el signo cobra una carga filosófica y poética inigualable.

Antoni Tàpies. Sin título. Litografía en varias tintas. Ejemplar E.A. firmado a lápiz (1966)

En esta pieza temprana, Tàpies utiliza una paleta limitada a negros y grises para producir un texto visual que evoca la escritura automática. Las manchas irregulares y las pinceladas en seco recuerdan ruinas rupestres o inscripciones antiguas. El artista, por aquel entonces, se encontraba explorando la huella de la materia: sus manchas simulan desgaste y erosión, apelando a la idea de que la realidad se inscribe en superficies accidentadas. El ejemplar E.A. “épreuve d’artiste” indica que esta prueba era para uso privado, lo que añade exclusividad histórica.

 

A mediados de los sesenta, recién superada la influencia del surrealismo, Tàpies consolida su propio informalismo. Su obra se convierte en un manifiesto de lo esencial: prescindir del color brillante para centrarse en el alma de la materia. Este grabado muestra sus primeras indagaciones en la litográfica experimental, que más tarde perfeccionará con técnicas mixtas.

 

Dada su antigüedad y condición de ejemplar E.A., esta litografía constituye una pieza de enorme valor documental. Representa la génesis del lenguaje gráfico de Tàpies y es imprescindible para entender su evolución hacia las composiciones más tardías.

Antoni Tàpies. "Scotch". Litografía policromada sobre papel Rives. Firmada a lápiz por el artista y numerada 45/120 (1974)

“Scotch” ejemplifica el interés de Tàpies por incorporar elementos cotidianos y alusiones furtivas a la vida moderna. El término “scotch” (cinta adhesiva) no aparece literalmente, sino que se sugiere a través de formas rectilíneas y texturas superpuestas que remiten a bandas de color imitando cinta pegada. Esta preocupación por la “cosa” o el objeto mundano conecta con su legado informalista, pero aquí se percibe ya un matiz pop: la cultura de masas entra de forma sutil en su poética visual. El color policromado, a diferencia de sus obras más monocromáticas de los sesenta, añade un contrapunto vibrante que subraya la tensión entre la materia áspera y la sensualidad cromática. El papel Rives, con su cuerpo denso y acogedor, potencia el contraste entre las tintas planas y los relieves que Tàpies suele incorporar en sus ediciones gráficas.

 

A mediados de los setenta, Tàpies amplía su vocabulario visual para dialogar con movimientos como el art informel tardío ("arte sin forma") y el pop europeo. Aunque no llega a una pura estética pop, retoma objetos industriales (cintas, embalajes) para resignificarlos. En su taller de París trabajaba con impresores especializados en técnicas litográficas de múltiples planchas, lo que le permitió experimentar con matices tonales y empastes de tinta, evidentes en esta pieza.

 

La relevancia de “Scotch” radica en su capacidad de mostrar la transición de Tàpies hacia un uso más explícito del color y la textura. Además, pertenecer a una edición relativamente numerosa (120 ejemplares) pero firmada a lápiz lo convierte en una adquisición estimulante tanto para coleccionistas de arte contemporáneo como para instituciones interesadas en la evolución del informalismo.

Antoni Tàpies. "Llambrec Material (XV)". Litografía sobre papel Rives. Firmada a lápiz por el artista y numerada H.C. (1975)

El término catalán “llambrec” se traduce como “destello”, y en esta serie de litografías, Tàpies explora esa noción de lo efímero. “Llambrec Material (XV)” presenta una superficie aparentemente neutra en el fondo, salpicada por manchas y veladuras en blanco y negro, que evocan superficies erosionadas o paredes con grafitis antiguos. El gesto del artista aquí se hace más contemplativo: las formas se ablandan, aparecen jirones de materia y zonas de veladura que sugieren un proceso de deterioro controlado. La elección del papel Rives permite captar los matices más sutiles de las tintas, generando un efecto de profundidad visual. Este fragmento de manchas y redes se alinea con la obsesión de Tàpies por el paso del tiempo, la memoria material y lo anecdótico convertido en símbolo poético.

 

En 1975, Tàpies consolidaba sus investigaciones en grabado, combinando litografía con collage de papeles rugosos o arena mezclada con barnices. Las obras de esta época muestran una paleta más terrosa y matices de gris, que contrastan con los blancos expansivos. Los ejemplares H.C. (“hors commerce”) —no destinados a la venta comercial— solían repartirse entre galeristas o conservarse en el archivo del taller como referencia del estado final aprobado por el artista.

 

Al tratarse de un ejemplar H.C., “Llambrec Material (XV)” cobra valor como testigo directo del proceso creativo de Tàpies. Para quien desee una pieza que combine la densidad simbólica de su poética con la intimidad de una prueba de artista, esta litografía es ineludible.

Antoni Tàpies. Sin título. Litografía sobre papel Guarro. Firmada a lápiz por el artista y numerada H.C. (1976)

En esta litografía sin título, Tàpies despliega un discurso más colorido que en los trabajos precedentes. El papel Guarro, con su grano más visible, aporta una textura rugosa que dialoga con la destilación expresiva de las tintas. La ausencia de título subraya la voluntad del artista de dejar que la obra “hable por sí misma”, sin anclajes semánticos previos. Esto remite a su idea de “objet trouvé” (objeto hallado), donde el azar compositivo adquiere rango de forma poética. El trazo aquí nos recuerda la “teoría de la artesanía” que Tàpies enunciaba: la obra es producto tanto del impulso creador como de las propias cualidades del material.

 

Esta litografía sin título destaca por su carácter primigenio: no poseer nombre oficial la hace universal y abierta a múltiples interpretaciones. Como prueba H.C., adquiere una dimensión de pieza de taller y, para el coleccionismo rigoroso, representa un ejemplar con autenticidad y proximidad al artista.

Antoni Tàpies. "Flocat Gris". Litografía policromada con flocado sobre papel Archés. Firmada a lápiz por el artista y numerada H.C. X/XV (1978)

El recurso del flocado —una especie de terciopelo granuloso adherido sobre la tinta— introduce una novedad táctil que acentúa la materialidad extrema en la obra de Tàpies. “Flocat Gris” se compone de grandes planos grises y negros, donde la superficie aterciopelada contrasta con la planicie de las zonas impresas. Este tacto suave, visible al ojo y al contacto, amplifica la percepción de la pieza como un objeto casi escultórico. Las formas geométricas y las manchas no obedecen a una composición estrictamente cuadrada; parecen surgir del azar, pero responden a un equilibrio visual que recuerda las formas pétreas erosionadas por la fuerza del agua. Esa evocación de la erosión se relaciona con su interés secular por las ruinas y las huellas de civilizaciones antiguas.

 

A finales de los setenta, Tàpies experimenta con técnicas mixtas en sus grabados: combina litografía con pigmentos, tintas acrílicas y la aplicación de materiales ajenos a la imprenta. El flocado, entonces, se convierte en un hallazgo que prolonga su insaciable curiosidad por explorar superficies que hablen de erosión, tiempo y memoria. La numeración X/XV (prueba de cincuenta ejemplares, numerados en romanos) señala su condición de prueba de estado privilegiada, reservada para amigos próximos o archivos de museo.

Para quien busque una obra que trascienda la bidimensionalidad, “Flocat Gris” ofrece un diálogo entre visualidad y tacto. Además, al tratarse de un ejemplar H.C. con flocado, su rareza aumenta el valor frente a otras ediciones.

Antoni Tàpies. "L'oeil". Aguafuerte en varias tintas sobre papel Archés. Firmada a lápiz por el artista y numerada H.C. I/VIII (1984)

La referencia al ojo —“l’œil” en francés— aparece en la obra de Tàpies como símbolo de vigilancia, introspección y sentido místico. En este aguafuerte, el ojo no se representa con realismo anatómico, sino como un elemento geométrico plano. La superposición de varias tintas (gris, negro, ocres) crea un efecto de profundidad que sugiere sombras y volúmenes alrededor de la forma que nos observa. Los surcos grabados y los relieves de tinta aportan una riqueza táctil, como si la piel misma del papel portara cicatrices. Este motivo del ojo se vincula a la idea de “ojo interno” o “tercer ojo” que el artista asocia a la percepción trascendental, la capacidad de ver más allá de lo meramente visible.

 

A comienzos de los ochenta, Tàpies ya había alcanzado reconocimiento internacional y sus grabados comenzaron a incluir referencias a la cultura occidental y oriental: cruces, ojos, signos alfabéticos imaginarios. Este aguafuerte, numerado I/VIII, corresponde a una edición muy reducida, lo que denota la singularidad de la prueba. El uso de Archés garantiza la calidad inalterable de la tinta a lo largo del tiempo y una excelente respuesta a las variaciones tonales.

 

“L’œil” es una pieza fundamental para entender la dimensión espiritual y simbólica tardía de Tàpies. Su condición de ejemplar H.C. I/VIII, junto con la riqueza técnica del aguafuerte multitinta, la convierte en un objeto de añorado valor para colecciones especializadas en grabado contemporáneo.

Antoni Tàpies. "Edicions 62". Litografía en varias tintas con relieve sobre papel Archés. Firmada a lápiz por el artista y numerada 105/150 (1987)

Realizada en colaboración con la editorial Edicions 62 de Barcelona, esta litografía muestra el refinamiento técnico que alcanzó Tàpies en los ochenta. El relieve se utiliza para destacar planos específicos, generando un efecto pétreo y escultórico. Las formas parecen labrarse en la superficie, como si fueran letras o ideogramas cifrados. Predominan los tonos rojos y negros, característicos de su paleta tardía. La composición parece fragmentaria, con elementos que chocan entre sí, evocando grafitis antiguos: ese choque entre memoria histórica y contemporaneidad es un constante en la obra de Tàpies.

 

A finales de los ochenta, Tàpies dirige la Fundació Antoni Tàpies en Barcelona e intensifica sus colaboraciones con museos y editoriales. “Edicions 62” es un claro ejemplo de cómo se vuelca en producciones gráficas que a la vez funcionan como piezas de coleccionista y objetos de difusión cultural. La numeración 105/150 indica una tirada moderada, pensada para galeristas y particulares que quisieran adquirir obra original sin alcanzar los precios de sus pinturas.

 

Esta litografía representa el pulso de la madurez de Tàpies: técnica depurada, economía de color y expresividad material. Ideal para colecciones que busquen ejemplares emblemáticos del catálogo gráfico del artista.

Antoni Tàpies. "Forma ombrejada". Aguafuerte y carborundum en varias tintas. Firmada a lápiz por el artista y numerada 18/99 (1987)

“Forma ombrejada” fusiona dos de las técnicas favoritas de Tàpies: el aguafuerte y el carborundum (un abrasivo que genera granulaciones y texturas sobre el papel). El resultado es una superficie epigráfica: manchas rojas se superponen a fragmentos negros, como sombras proyectadas sobre la piedra. El carborundum añade relieve, imita la aspereza de la roca o la piel desgastada por el tiempo. El título hace referencia al juego de sombras (ombres) que surgen de las formas irregulares, simbolizando la dualidad clara/oscura en la experiencia humana.

 

A finales de los ochenta, Tàpies consolida su indagación en la textura material, entendida casi como una continuidad de su pintura corpórea. El uso conjunto de carborundum y aguafuerte crea superficies densas que recuerdan murales desgastados o paredes calcinadas, en consonancia con su visión crítica de la sociedad y de la memoria colectiva.

 

La técnica mixta de esta pieza la hace única en textura y expresividad. Numerada 18/99, combina la rareza de una edición limitada con la autenticidad de una firma a lápiz. Quien puje, incorporará a su colección una obra que ejemplifica la maestría de Tàpies en el grabado más escultórico.

Antoni Tàpies. "Variations sur un thème musical 4". Litografía en dos tintas con relieve sobre papel Archés. Ejemplar BAT. Firmado y fechado al dorso (1987)

Los “BAT” o “Bon à tirer” son pruebas finales aprobadas por el artista, utilizadas como modelo para la edición. En “Variations sur un thème musical 4” se aprecian manchas susurrantes y relieves que vibran sobre el papel. Las dos tintas (gris y negro) dialogan sutilmente, generando una partitura visual en la que la gestualidad aparece como el equivalente gráfico a la improvisación. El relieve enfatiza ciertas zonas, casi como si los surcos grabados marcaran notas altas o bajos profundos.

 

En 1987, la serie “Variations sur un thème musical” consolida el interés de Tàpies por la sinestesia: establecer correspondencias entre la música y el arte plástico. Durante esta década, el artista entabló múltiples colaboraciones con músicos y editores europeos que le inspiraron a traducir conceptos sonoros en signos visuales.

 

Al ser un ejemplar BAT, esta litografía no llegó a las ediciones comerciales y es, por tanto, una pieza de excepcional rareza. Además, su estética sinestésica la hace especialmente atractiva para coleccionistas que valoren la relación entre arte y música.

Antoni Tàpies. "Variations sur un thème musical 7". Litografía en varias tintas con relieve. Ejemplar BAT (Bon a tirier). Firmado y fechado al dorso (1987)

Complementaria a la obra “4”, esta pieza multiplica las capas de tinta —marrones, grises y negros— para crear una textura más compleja. Los relieves se acentúan y las formas adquieren un dinamismo que remite al crescendo musical. El trazo gestual se hace más libre, con manchas irregulares que pueden interpretarse como acordes disonantes resueltos en un clímax visual.

 

Como en el caso anterior, se trata de una prueba de artista excepcional, reservada a la aprobación final. La variedad de tintas indica una producción más sofisticada, fruto de colaboraciones con talleres de grabado en Barcelona y París. La escasez de ejemplares BAT y la riqueza técnica de esta litografía la convierten en un objeto privilegiado para el coleccionismo especializado.

Antoni Tàpies. TÀPIES Sèrie Negre. Edición única, limitada a 998 ejemplares en numeración arábiga y 298 en numeración romana (2017)

Aunque creada tras su fallecimiento, esta serie reproduce algunas de las piezas más emblemáticas de la “Sèrie Negre” de Tàpies, colección que agrupa obras de trazo oscuro ascendidas a nivel icónico en la trayectoria del artista. La edición presenta variaciones de tonos negros, grises y ocres sobre papel de alta calidad, manteniendo fielmente la textura de los originales. Cada ejemplar numerado en arábigos o romanos reproduce detalles minuciosos de la superficie matérico-gráfica: marcas de pincel seco, gotas de tinta y difuminados abruptos. Aunque no se trate de grabados manuales, la cuidada edición simultánea multiplica el impacto visual de la serie.

 

Promovida por la Fundación Tàpies, esta serie tributa la vitalidad y el dramatismo de las obras negras que Tàpies ejecutó entre los años sesenta y setenta. La edición limitada en arábigos y romanos subraya la exclusividad: los coleccionistas que posean un ejemplar arábigo tienen una pieza distinta a quienes posean un ejemplar romano, ambos numerados y certificados.

 

Para el coleccionista actual, “TÀPIES Sèrie Negre” supone la oportunidad de acceder a ediciones oficiales de alta calidad, con la ventaja de formar parte de un número muy restringido de ejemplares. Aunque su técnica no sea grabado manual, conserva el espíritu matérico de Tàpies y su impronta gestual.

Cada una de estas obras ofrece un acercamiento único a la poética de Antoni Tàpies: desde la crudeza gestual de sus primeras litografías hasta la sofisticación de los ejemplares con relieve o flocado. Para el coleccionista, invertir en una pieza firmada y numerada de Tàpies—sea un ejemplar H.C., E.A. o un BAT—significa incorporar a su colección un documento tangible de la evolución de uno de los grandes maestros del informalismo europeo. No deje pasar la oportunidad de pujar por estas obras que, con su carga histórica, técnica y simbólica, prometen un protagonista permanente en el imaginario del arte contemporáneo.